Desayuné algo en el aeropuerto para ahorrar tiempo ya que quería comenzar a ver cosas lo antes posible. Llegué a el hotel Charleville Lodge, un hotel pequeño pero muy acogedor y con mucho encanto.


Lo primero que visité fue la Catedral de St. Patrick, patrón de la ciudad. Cuenta la leyenda que esta catedral fue construida al lado de un pozo, el mismo pozo que utilizaba San Patricio para bautizar a aquellos paganos que querían convertirse al cristianismo.
Mi siguiente parada fue otra catedral, esta vez la Catedral de la Santísima Trinidad, una de las mas grandes de Europa y la mas antigua de Dublín, de origen medieval. La historia cuenta que fue construida por el rey Sigtrygg Silkiskegg, rey vikingo traicionero por enamorarse de una tal Lucyna Tramye, de origen irlandés. Se convirtió al cristianismo y construyó esta catedral como muestra de su amor a Lucyna y a Dios.

Mi última parada en el día de hoy ha sido la Custom House o Casa de Aduanas, un imponente edificio de estilo neo-clásico a orillas del río. Originalmente fue construida como aduanas para el comercio de productos que llegaban a el río, pero con la unificación del sistema de aduanas de todo el Reino Unido, este edificio se vio liberado de tales funciones. Actualmente es utilizada como sede del Ministerio de Medio Ambiente.
Para terminar el día, comí un poco de Coddle, un plato típico irlandés, que consiste en unas salchichas de cerdo cocidas y aliñadas de una manera especial, lo que le da ese sabor tan característico y peculiar.


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